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11 mar. 2016

Restaurante JR, un paraíso natural para degustar buena comida

En medio del frescor y belleza que prodiga la naturaleza funcionará en El Progreso, Yoro, el primer restaurante para niños, gracias a la iniciativa del empresario Mauricio Rodríguez.

El proyecto se desarrollará en el mismo predio donde brinda sus servicios al público el selecto restaurante y vivero JR, que destaca por su ambiente artísticamente diseñado a base de piedra y madera rústica.

Considerando que los niños no son adultos pequeños, Rodríguez concibió la idea de un lugar donde ellos no solamente puedan divertirse y disfrutar de un menú especial, sino de eventos acordes a su edad. Habrá concursos para estimular su talento en las diferentes disciplinas del arte y el conocimiento, en los que se darán premios consistentes en becas de estudio para los ganadores, explicó.

Se trata de crear un ambiente ecológico en el que los clientes se sientan realmente niños y puedan adquirir además conocimientos de botánica, pues cada una de las plantas ahí cultivadas estará etiquetada con su correspondiente nombre científico. No solamente eso, también aprenderán prácticas para conservar el bosque.

Generalmente, la gente apela a las plantas exóticas cuando se trata de crear un ambiente natural, pero en el entorno del restaurante JR se han cultivado palmeras “cola de zorro” en lugar de la sofisticada palma real.

La floración de los san Juan de montaña le da un toque de color amarillento al predio de tres manzanas, donde también han sido cultivadas otras variedades de especies ornamentales, frutales y maderables. El ambiente ecológico contrasta con el de los interiores del restaurante, donde prevalecen muebles fabricados con restos de árboles muertos que el empresario rescata de la tierra y luego los pule con una técnica especial.

Al restaurante acuden los amantes de este arte rústico como también del buen comer, puesto que tienen a su disposición un variado menú gurmé en el que sobresalen las parrilladas familiares aderezadas con sabor catracho.

“Actualmente estamos diseñando un menú ejecutivo para personas que vienen de las maquilas”, dice la administradora del negocio, María de los ángeles Rodríguez, chef graduada en Buenos Aires, Argentina.

Por lo general, los clientes se van a caminar al área de juego de los niños o a disfrutar de la floresta después de comer o degustar las bebidas preparadas bajo la dirección de la barista profesional Irene Rodríguez.

Entre el verdor de la naturaleza se halla un helipuerto que de vez en cuando es utilizado por personalidades que llegan a pasar un rato de esparcimiento a este refugio de paz y convivencia familiar.

Por su amplitud e impresionante decoración, las instalaciones sirven como escenario excepcional de diferentes eventos sociales y culturales de instituciones y personas particulares.

La empresa destina parte de sus utilidades a la educación y calidad de vida de los niños más desposeídos. Dice don Mauricio que de esta forma entrega la herencia más preciada que recibió de su padre, don Julio Rodríguez: el amor al prójimo.




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