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20 feb. 2016

Progreseño convierte raíces muertas en bellos muebles

Para abrir cualquiera de las puertas del JR Restaurante en El Progreso, Yoro, usted no hala de una manija metálica, sino de un pedazo de rama seca pero reluciente que sirve como llamador.

Son detalles rústicos con diferentes formas que el propietario del negocio, Mauricio Rodríguez, obtiene procesando restos vegetales que rescata de la naturaleza. “Mi orgullo es esta lagartija y esta mano de muerto”, dice Rodríguez al mostrar, durante un recorrido por las instalaciones, dos de los llamadores a los que la naturaleza le dio formas caprichosas. 

El mar se los regaló mientras caminaba por la playa, él solo los pulió y les dio brillo con una capa de sellador para pegarlos artísticamente a las puertas.

Estos detalles son solo una pequeña muestra de las maravillas que este hombre, amante de la naturaleza, procesa en los talleres contiguos al restaurante, con restos de árboles, muchos de los cuales extrae de la tierra. él llama a este proceso industrial rescate del bosque porque aprovecha lo que otros utilizarían como leña o no le darían ningún uso.

“Algunos bejucos la gente los corta para leña y cuando yo se los compro se ríen porque no saben que yo les voy a dar otra utilidad”, comenta.

Pese a que en este proceso no hay daño a la naturaleza, la empresa cuenta con el correspondiente permiso del Instituto de Conservación Forestal (ICF). Es más, extiende un certificado especial a los clientes que quieran saber de dónde procede la materia prima usada en el producto que han adquirido.

A veces, la gente tala el árbol por diferentes razones y el empresario rescata lo que está destinado a perderse como las raíces que quedan enterradas.

La operación rescate requiere de un cuidado especial para conservar cada una de las partes del árbol que se van a transformar. Se limpian con mucho cariño como hace el arqueólogo cuando descubre una reliquia enterrada. Luego se les da un tratamiento especial, se pulen, se les coloca un vidrio a la media y ahí tiene usted una elegante mesa de centro.

“Esta gigantesca raíz de guanacaste será muy pronto un mueble artísticamente elaborado que adornará el lobby de un hotel sampedrano”, explica Rodríguez mientras muestra restos de árboles centenarios que sus trabajadores han salvado de las entrañas de la tierra.

Aunque los trabajos terminados “hablan por sí solos” de su extraordinaria belleza, algunos son decorados con figuras artísticas, tomando en cuenta que hay variedad de gustos entre los clientes. De ello se encarga el artista Jorge Humberto Handal, quien aprendió a pintar cerámica en Italia y ahora lo hace sobre madera pulida.

Millonarios fascinados
Sus amigos le permiten a don Mauricio sacar de sus propiedades enormes raíces de árboles muertos que nadie se atrevería poner a flote por el costo que ello representa.

En algunos casos ha tenido que invertir hasta 40 mil lempiras para remover la tierra, con tractores, para extraer esas raíces, más por el gusto de verlas convertidas en las patas retorcidas de una mesa, que por negocio, según dice.

Comentó que solo el 20% de lo que rescata de la tierra es aprovechable, lo demás se pierde. Otra parte de la materia prima usada en esta atípica industria son desechos que arroja el mar. “El mar se pone embravecido, vienen las crecidas y yo salgo a la carrera a recoger lo que tira”, ejemplifica.

La extensa creación de este empresario progreseño nacido en San Pedro Sula se aprecia sin restricciones en todos los rincones de su centro recreativo que bautizó como JR en memoria de Julio Rodríguez, su padre. El restaurante cuenta con su propia xiloteca, una sala donde se exhiben las principales obras hechas con los restos de madera que otros desprecian.

Desde un podio bordeado con ramas de guayabo hasta un enchapado hecho con lomos de diferentes tipos de madera, forman parte de las muestras que difícilmente podrían fabricarse con tanta creatividad en otros países de Centroamérica. Así lo consideran algunos visitantes, entre ellos millonarios que se van fascinados de este lugar por haber visto tantos objetos que hablan por sí solos de un arte que es diferenciado porque ninguna pieza se parece a otra.

“La naturaleza les imprime su propia belleza, yo lo único que hago es matizarlas y ponerles arte”, refiere el dueño del negocio localizado a siete kilómetros del centro de El Progreso sobre la carretera que conduce a Tela.

Incluso, los troncos quemados de los árboles le sirven para ponerle un toque artístico a un enchapado. Por ejemplo, le saca brillo a la corteza carbonizada y la convierte en pequeñas piezas para combinarlas con otras de maderas multicolores en el recubrimiento de una pared. 

El producto ya lo conocen en el mercado norteamericano a través de la empresaria María Perera, quien lo mantiene en exhibición en la Red Galery de Miami.También se perfila para ser exportado a los países vecinos de Centroamérica y “estamos por concretizar el mercado Suizo”, reveló el industrial.

“Realmente no es negocio como lo soñé, pero me satisface y enorgullece lo que estoy haciendo”, agregó.

Piedras multicolores
Este arte de ramas, bejucos y raíces se complementa con otro no menos llamativo: el que Rodríguez logra con piedras multicolores, la mayoría de las cuales provienen de las canteras de Copán.

“Todo ese enchape es piedra de una falla geológica”, manifiesta mientras muestra un mosaico natural que recubre las paredes de los baños, fuera del restaurante.

“Aquí las terminamos de pulir con pura agua, lo más que les echamos es ácido muriático”, refiere el empresario.

Paredes interiores y exteriores son decoradas con un diseño único formado armoniosamente con motivos de piedra y madera. Los vemos en baños, oficinas y dormitorios combinados con materiales comerciales que no podrían faltar como los grifos, regaderas o bañeras. Es como una mezcla de lo rústico y lo moderno, explica Rodríguez al mostrar un dormitorio confeccionado a su manera. 

Esta pieza y su baño sirven como modelo para ofrecerlo a la gente que quiera implementar este decorado en su hogar. Según sea el tipo y el tamaño de la piedra, así les da utilidad. Una grande de color amarillento la convirtió en un lavamanos que empotró en un mueble bronco hecho con desechos de madera.






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