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25 may. 2014

Un ejemplo a seguir, Doña Martha a sus 73 años solo le faltan tres clases para graduarse de abogada

Despertarse con metas y dormir entre esperanzas, mantiene con el alma joven a Martha Julia López Sauceda, quien a sus 73 años le faltan apenas tres clases para graduarse como licenciada en Derecho (abogacía) en la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH).
Maletín al hombro y Código Procesal Civil en sus manos, Martha Julia López Sauceda se traslada todos los días a la universidad.
Es madre de tres profesionales: su retoño mayor, Julio César, es ingeniero, le sigue el arquitecto Daniel Alfredo y el menor, Gustavo Adolfo es periodista. “Cuando mi último hijo egresó de la UNAH les dije: Ahora voy yo”, agrega esta señora “todo terreno” de aproximadamente 1.50 metros de estatura.

Conocimos a la “joven abuela” trabajando con esmero y entusiasmo en la oficina de archivo de la Secretaría de Obras Públicas Transporte y Vivienda (Soptravi) donde irradia lozanía con su rostro saludable y mirada amplia y serena.

Su hora libre, durante el almuerzo, la aprovecha para estudiar y hacer tareas, bajo la sombra de un frondoso árbol de mango en el predio de esa cartera gubernamental. “Gracias a Dios me siento como un roble”, comenta López Sauceda, maletín al hombro, folletos con leyes y libros en sus manos.

Ella nació un 2 de noviembre de 1939. Toda su vida residió en el barrio La Hoya en Tegucigalpa. Cuando el huracán Mitch le llevó su casa se pasó al barrio Morazán.

Actualmente ha pasado 65 clases, únicamente le faltan Procesal, Civil II, Práctica Procesal y Tratados Internacionales. “Me decidí por Derecho por los conocimientos que adquirí en mi trabajo. 15 años en la Secretaría de Trabajo y después en la Procuraduría”, relata con tono ameno.

Oportunidades
Empezó a estudiar Derecho tras la graduación de su hijo Gustavo Adolfo. En una foto del álbum familiar aparecen también sus otros retoños Julio César, Daniel Alfredo y su esposo Constantino Zúniga (QDDG).
Prácticamente ha estudiado toda su vida. A sus 15 años se graduó como secretaria comercial en el Instituto Gregg, luego trabajando en Rivera y Compañía sacó secretariado ejecutivo en el Alpha, lo que le abrió una oportunidad en Soptravi, donde lleva 23 años.

Del baúl de recuerdos surge una historia de amor al lado de su compañero y amigo, el ingeniero Constantino Zúniga Andrade (QDDG): Mi esposo murió hace dos años: lo conocí cuando yo tenía 20 años, él 22. “Era amigo de mi hermano en la UNAH y se me pegó. Parece mentira, pero anduvo un año detrás de mí, no le hacía caso, hasta que por fin le di el sí”.

Su mirada adquiere un brillo especial al recordar el día en que Constantino pidió la llegada y anduvo de novia cinco años. “Realmente no tenía interés por casarme, sino estudiar y salir adelante. Tenía varios pretendientes, pero él me los quitó, uno a uno”.

Confiesa que siempre tuvo esa inquietud por ser abogada, pero le faltaba el bachillerato por madurez. Recorrió varios colegios de la capital en busca de esa oportunidad, hasta que en el 2006 la UTH le abrió las puertas para cursarlo y allí mismo, al año siguiente, se matriculó en la carrera de abogacía.

Comparte cuatro secretos para llegar a tener esa fuerza: “Mi confianza está puesta en Dios. Siempre respeté a mi mamá, Ramona Sauceda, y a mi papá, Jacinto López. Soy mujer de mente abierta, sin ataduras, y como último punto, me solidarizo con el necesitado”.

Sin embargo reconoce que no ha sido fácil, pues apartó todas las piedras que salían a su paso, mencionando una “empinada montaña de obstáculos” que tuvo que escalar y donde muchos jóvenes flaquearon.

Derecho efectivo

“El Derecho me gusta, pero soy sincera, me fascina más la orientación a lo penal. Allí es donde se mira el derecho efectivo, la justicia y la injusticia con muchos privados de libertad”.

“Defenderé a quienes por nada están en una fría celda, esos de pies descalzos que quizás se robaron una gallina o bolsa de pan para llevarle de comer a su familia”.

Esta noble mujer contrastó que cientos se han llevado millones de las arcas del Estado, pero no van a la penitenciaría. “Ayudaré al pueblo, pueblo, por algo mis compañeros me dicen que soy peleona y me apodan la abogada del pueblo”, dice rompiendo en risotadas.

Finalmente, promete interceder por personas de la tercera edad, que sufren de enfermedades, muchos en fase terminal, detrás de los barrotes. “Lucharé por conseguirles el indulto, sino lo obtienen por sentencia, a ver si abarcan medidas cautelares y así puedan morir al lado de sus seres queridos”.

Las horas pasan, entre relatos con Martha Julia. Es un ejemplo que cuando se quiere, se puede. La edad no es obstáculo para alcanzar sueños y superarse en la vida. Para ella hablar de retiro es un pecado.

“Todo es que uno tenga la voluntad. Al empezar este viaje primero le pedí al Señor: Amado Dios he decidido sacar mi bachillerato por madurez y la carrera de Derecho. Si tú crees que es conveniente que lo pueda hacer vas abrir puertas y me darás la fuerza para derribar los muros que se levanten”.

En los predios de la Soptravi se cuentan varios árboles que dan frutos y sombra, pero de esos robles en forma de Martha Julia López Sauceda que inspira coraje y valor, solo se ve uno…. “Para 2016, si Dios me lo permite, me he propuesto estudiar periodismo”, programó la septuagenaria

“Defenderé a los pies descalzos y presos en fase terminal”.

Texto: Wilfredo Hernández / Fotos de Edwin Zaldaña.

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