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7 sept. 2012

El Cementerio de los "YUINS" - Su Historia

"Charles Ewens, El caballero inglés que hizo historia en El Progreso,Yoro,Honduras. Sus restos están enterrados en el camposanto conocido por los progreseños como el cementerio de los “Yuins” (Ewens) .

A tan sólo cinco cuadras del parque central de esta ciudad se localiza un cementerio privado en el que yacen 6 tumbas, en una de las cuales descansan los restos de el caballero inglés Francis Charles Ewens, quien llegó a esta ciudad a principios del siglo pasado y cuya historia ha permanecido sepultada junto a él. 

El camposanto es conocido por los progreseños como el cementerio de los “Yuins”, (nombre con que los pobladores pronuncian el apellido Ewens) y se encuentra en una manzana de terreno plantada de árboles y flores en el barrio Los Angeles de esta ciudad. La voluntad de don Francisco, como se le conocía a este noble hombre de tez blanca y cuerpo delgado, era que toda su descendencia fuera también sepultada en este gran jardín, pero debido a prohibiciones municipales la tradición no pudo continuar. 

Como consecuencia, sólo una pequeña parte del predio ha servido de cementerio y el resto es resguardada por un jardinero que da mantenimiento a las plantas y a las tumbas, en las que descansan los restos de don Francis, de su esposa María Josefa Flores, una hija de ambos y tres nietos. 

La estratégica ubicación de este terreno ha motivado a algunos de sus familiares a intentar trasladar los cuerpos a otro cementerio para hacer uso de la propiedad, sin embargo, la memoria de su principal ancestro los ha detenido.

¿Quién era este caballero? 
La señora Consuelo Ewens, hija menor de don Francis y doña Josefa, relata que su padrenació en Devonshire, Inglaterra, el 20 de enero de 1866, y el espíritu aventurero de su juventud lo trajo hasta estos lares a finales de ese siglo. “Mi papá venía con un equipo de cricket de su ciudad a jugar a Chicago, Estados Unidos, y algunos de sus compañeros de equipo lo convencieron de conocer un poco más de América y se embarcaron hacia Belice y Guatemala. Allí trabajaron en las plantaciones de hule para sostener su aventura”, refiere doña Consuelo. 

Los aires del destino lo trajeron después hasta Honduras, en donde trabajó por muchos años para la compañía bananera, en la región de Yoro y Atlántida. “El hizo muchas de las fincas de banano que se localizaban entre El Progreso y Tela, ya que se desempeñaba como mandador”, recuerda. 

Quedó tan impresionado por la belleza natural de este terruño y la fertilidad de sus tierras, que decidió establecerse y comprar un terreno cerca de la zona de la compañía de esta ciudad, y con lo que ganaba en las fincas iba comprando más propiedades en el pueblo, de manera que cuando se jubiló, era dueño de importantes extensiones de tierra, en las cuales construyó su hacienda Devonia, en honor a su pueblo natal en Inglaterra, Devonshire. 

Devonia era la mejor hacienda situada dentro de la comunidad. En ella, don Francisco tenía ganado de la mejor calidad y todo tipo de árboles frutales. La mayoría de las familias progreseñas de ese entonces compraban en esta hacienda la leche, quesos y cremas, muy populares por su preparación y exquisitez. 

Mr. Francis se casó con María Josefa Flores, una señorita originaria de Alianza, Valle, a quien conoció en San Pedro Sula, en una de las ocasiones que llegó a esa ciudad con el propósito de comprar mulas para la compañía bananera. “Desde que la vio se enamoró de ella y en poco tiempo le propuso matrimonio, pero mi madre le dijo que si se quería casar con ella debía ir al sur a pedir su mano.

Más pronto de lo que esperaba, la joven María Josefa se encontraba en el río de su pueblo, y hasta ahí llegó don Francis a buscarla. Probablemente se casaron en la pequeña iglesia de ese pueblo y luego se trasladaron a vivir a El Progreso. 

Tuvieron 8 hijos: Mavis (Q.D.D.G.), Federico (Q.D.D.G.), Francisco, Clovis (Q.D.D.G.), Ethel, José Ricardo (Q.D.D.G.), Anna Mercedes y Consuelo Irene. Una anécdota interesante que doña Consuelo cuenta de su padre es que cuando se desataban hechos violentos propios de las revoluciones armadas de aquella época, todo el pueblo se refugiaba en la hacienda Devonia, donde don Francis enarbolaba la bandera inglesa y declaraba que esa era zona británica, a la que nadie podía acceder sin autorización. Cocinaban en el patio, mientras don Francis hacía guardia junto a su esposa sentado al pie de la bandera, cuya asta era un inmenso bambú”. 

La hacienda Devonia se localizaba dos cuadras al este de la iglesia Las Mercedes. Mr. Francis admiró en aquel momento el carácter de Tiburcio Carías Andino y decía que cuando el viejo Carías se había sentado, había vuelto la paz al país. Sobre Mr. Francis, doña Consuelo opina lo siguiente: “No es porque fue mi padre, pero fue un gran hombre, siempre hubo un gran respeto hacia sus trabajadores, quienes le guardaban mucha lealtad y obediencia”. 

Era un hombre muy trabajador y honesto, que ayudó a fundar colegios y aportaba para cualquier causa a favor del mejoramiento de la comunidad. 
Relata que como buen patriota inglés, al estallar la segunda guerra mundial, insistió que sus cuatro hijos varones fueran a pelear por su patria, pero dos de ellos (Federico y Francisco) ya tenían familia, por lo que sólo viajaron a enlistarse en Inglaterra Clovis y José Ricardo. Ambos formaron parte de la Royal Air Force, luchando durante cinco años en Escocia y Alemania. 

“Como padre era muy estricto, le gustaba que uno hablara siempre con la verdad, pero también era muy afectuoso. A mí me llamaba su muñeca de cupido”. Mr. Francis tuvo una gran amistad con los misioneros evangélicos que llegaban a divulgar la Palabra de Dios hasta este remoto poblado, a tal grado que el terreno donde actualmente funciona la escuela evangélica Clara Riedezel, fue donado por don Francis.

La Finca 
Toda la área estaba cultivada de verduras, 9 tipos de mangos, toronjas en muchas variedades, naranjas y variedades exóticas que le habían regalado los ingenieros hindúes que desarrollaban el jardín botánico de Lancetilla. A Mr. Francis le fascinaba sembrar flores, en especial geranios, tenía cuatro hileras de una cuadra cada una de flores en todas las variedades. Familias como los Siwady, Hall, Barletta, Simán, Gabrie, llegaban los domingos a visitar la casa ya que era una propiedad encantadora, de gran belleza escénica. 

Como en la mayoría de las historias de nuestro pueblo, todo el patrimonio que don Francis sembró con sus propias manos, que cultivó y vio florecer, murió con él, y está sepultado en el cementerio de los “Yuins”.


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